Formación

Periodo de Formación

De acuerdo con las orientaciones de la Iglesia, el período de formación comprenderá en nuestro Instituto las siguientes

ETAPAS:

50
Aspirantado
En este periodo se acompaña a la Aspirante ayudándole a discernir sobre sus inquietudes vocacionales. Para ello se le ofrece un ambiente de oración, estudio y convivencia con las demás Aspirantes, que le ayude a dar una respuesta generosa a la voluntad de Dios.
50
Postulantado
La joven en esta etapa formativa va dando gradualmente el paso de la vida seglar a la religiosa; se va introduciendo gradualmente en la vida de intimidad con Dios y en las observancias peculiares de nuestra vida y así va conociendo más plenamente el espíritu de la Congregación.
50
Noviciado
Es un tiempo de profundización en la comprensión y asimilación de nuestro carisma y misión. La formación continúa, y se va preparando especialmente para su primera profesión.
50
Juniorado

En esta etapa la Juniora debe consolidar la formación religiosa, espiritual, apostólica, humana y profesional según el espíritu sacerdotal de nuestro Instituto y así poder cumplir con la máxima eficacia la misión que se le confía en la Iglesia.

Los tres primeros años serán de formación intensiva en la Casa Juniorado y los otros tres restantes, y dentro de esta etapa formativa, podrá actualizarse en otras Casas de la Congregación. Se garantiza así la incorporación gradual y vivencial de las Junioras a la vida y ministerios propios de la Auxiliar Parroquial.

50
Tercera Probación
La profesión perpetua en la que la religiosa reafirma su consagración definitiva al Señor en el Instituto, debe ir próximamente precedida de una preparación sería y suficientemente larga. Durante este período, las junioras no realizarán trabajos apostólicos externos, a fin de facilitarles el necesario recogimiento, reflexión, silencio y oración, con tiempos especiales para ello.
La formación permanente comprende todos los aspectos de nuestra vida espiritual… ya que formarse es, ante todo, conformar nuestras facultades y posibilidades humanas al proyecto de santificación que Dios tiene sobre cada una y puesto que la Auxiliar Parroquial es una auxiliar del Sacerdote en todas las obras parroquiales es menester que su formación intelectual sea lo más perfecta posible. De otro modo el rendimiento apostólico que diera, no sería tan completo como es el fin del Instituto.